El artículo cuenta que la autora integra un grupo de escritores “anti-IA”: “En el periodismo, la crítica, la escritura creativa y, sobre todo, entre los usuarios compulsivos de LinkedIn, los escritores están convergiendo en una serie de elecciones que se resisten implícitamente a las trampas de la prosa generada por la IA”. Me entero, entonces, no solo de que existe esta corriente de escritores, sino de que hay usuarios compulsivos que escriben en LinkedIn. Curioso momento: cuando más están cuestionadas las formas de escribir, más se está escribiendo.
¿En qué consiste esta resistencia? Según el artículo, los escritores evitan “los rasgos que suelen asociarse con la escritura generada por IA, como las listas de tres elementos, la voz pasiva, expresiones del tipo ‘no x, sino y’ y los guiones largos”. Esto último me dio fastidio porque si algo me gustan son los guiones largos —rayas tipográficas— que son los que acabo de usar en lugar de comas, y que también se emplean en los diálogos. El artículo agrega que otra forma de diferenciarse de la IA es mediante “anécdotas específicas en primera persona y símiles excéntricos que ponen de manifiesto el trabajo arduo que conlleva la escritura”. No estarían siendo muy originales, ¿verdad?
La postura de los autores en rebeldía no me convence, sobre todo esa idea de sembrar errores en un texto, que no tiene nada novedoso. Ya sea porque se quería experimentar o porque de la equivocación surgió algo literariamente valioso, grandes escritores han trabajado con el error. “No te preocupes demasiado por las erratas. En el Ulises de Joyce hay cerca de trescientas y los profesores les siguen encontrando sentido”, escribió el escritor argentino Abelardo Castillo en su libro Ser escritor (1997), en el que da consejos a partir de su experiencia.
Pero lo que plantea la nueva corriente de "escribir mal" no es a favor de la literatura, sino contra la IA. Me da la impresión de que la creación queda en un segundo plano frente a la batalla por la autoría del texto. Por otro lado, las erratas son descuidos, distracciones, un teclazo mal dado. Provocarlas como un guiño significa una complicidad con lectores y correctores que, me parece, solo puede crear confusión. Al final, ¿no se arregló el error porque no hubo quien lo corrigiera?, ¿quien corrigió el texto no lo vio?, ¿se dejó para jorobar a la IA? Si leer una novela implica todas esas preguntas, ¿dónde queda la novela?
Sí estoy de acuerdo con que la IA se maneja con fórmulas que son correctas, pero que se vuelven reiteradas, se vuelven robóticas, por eso sus textos pierden identidad y se puede reconocer que hubo poca intervención humana. Creo que donde más se nota esa esencia robótica es en la falta de reflexión. A veces la IA tiene frases ingeniosas, incluso hasta algún giro poético, pero raramente avanza más allá de la ocurrencia.
Todo esto me recuerda una cita que surgió de una carta de Antón Chéjov a su hermano Aleksandr, quien quería consejos de escritura. La recomendación tal como la escribió Chéjov fue cambiando en su formulación, según las adaptaciones o traducciones, pero la esencia está en esta frase: “No me digas que la luna está brillando: muéstrame su reflejo en un vaso de cristal”. Es precioso el consejo y es justamente lo que la IA no hace: el robot dice que la luna brilla, pero no la muestra.
Regreso a Robson y su justificación para escribir “mal”: “Creo que la IA podría desencadenar una contracultura literaria. Me parece que la ficción literaria se desplazará aún más hacia lo extraño, lo esotérico, mientras que la personalización se impondrá en la ficción comercial”. Me parece que esta escritora no ha leído demasiada literatura.
El artículo en Wired plantea la paradoja de que la propia IA podría aprender a escribir como la escritura anti-IA. Entonces habría que inventar otras formas de escritura que la IA va a aprender, y así hasta que el mundo enloquezca más de lo que está. Por suerte una escritora entrevistada fue más sensata: “Cualquier contraestilo superficial que surja en respuesta a la IA podrá ser imitado. El único contraestilo verdadero es la buena escritura”.