Los políticos deben andarse con mucho ojo cuando pasean por la calle, porque la calle, por definición, es imprevisible. Frente a los safaris institucionales, los mítines recauchutados a base de claque y las ruedas de prensa coreografiadas, la calle muestra el lado selvático de la realidad, donde la gente anda sin bozal, sin filtros y a veces hasta sin modales. A Pedro Sánchez suelen mentarle la madre según asoma el hocico por un portal, mientras que a Ayuso le recuerdan una y otra vez la masiva eutanasia de abuelos durante la pandemia mediante un vistoso 7.291 estampado en carteles y camisetas. Calificativos cariñosos aparte.
En febrero de 2013, en previsión de lo que pudiera suceder, Mariano Rajoy compareció para dar explicaciones sobre el caso Bárcenas a través de una pantalla de plasma, como si los periodistas no estuvieran lo bastante domesticados a base de credenciales y fuesen a abuchearlo o a arrojarle zapatos a la cabeza. Mariano en diferido y en forma de simulación era todo un hallazgo, un primer paso hacia el teletransportador del Star Trek, pero dos años después, en diciembre de 2015, se le ocurrió salir del plasma durante la campaña electoral en Pontevedra y un joven radical aprovechó para romperle la cara, las gafas y la cuarta pared.
Los políticos deben andarse con mucho ojo cuando pasean por la calle, porque la calle, por definición, es imprevisible. Frente a los safaris institucionales, los mítines recauchutados a base de claque y las ruedas de prensa coreografiadas, la calle muestra el lado selvático de la realidad, donde la gente anda sin bozal, sin filtros y a veces hasta sin modales. A Pedro Sánchez suelen mentarle la madre según asoma el hocico por un portal, mientras que a Ayuso le recuerdan una y otra vez la masiva eutanasia de abuelos durante la pandemia mediante un vistoso 7.291 estampado en carteles y camisetas. Calificativos cariñosos aparte.
En febrero de 2013, en previsión de lo que pudiera suceder, Mariano Rajoy compareció para dar explicaciones sobre el caso Bárcenas a través de una pantalla de plasma, como si los periodistas no estuvieran lo bastante domesticados a base de credenciales y fuesen a abuchearlo o a arrojarle zapatos a la cabeza. Mariano en diferido y en forma de simulación era todo un hallazgo, un primer paso hacia el teletransportador del Star Trek, pero dos años después, en diciembre de 2015, se le ocurrió salir del plasma durante la campaña electoral en Pontevedra y un joven radical aprovechó para romperle la cara, las gafas y la cuarta pared.