Podía hacer de sicario, pero con ciertos principios, no le iba a atizar a un ciego como él, pobre hombre... Pero “sabéis que no ando en paz”, le dirá a un amigo en una de las cartas de Lisboa, posiblemente de 1552, porque hay un tal Simão Rodrigues que “paga el servicio de los mayores matarifes de esta tierra, quienes…