Trabajadores de Abanca y otros bancos dicen basta a las presiones para "vender, vender y vender": "Son insaciables"
Comisiones Obreras convocó esta semana manifestaciones en varias ciudades españolas contra la sobrecarga que sufren los trabajadores del sector financiero, sometidos, denuncian, a presiones para comercializar productos y cumplir objetivos cada vez más exigentes. Rita Rita Gippini, portavoz del sindicato Comisiones Obreras en Abanca, explica a Galiciapress las circunstancias en las que se encuentra la plantilla de Abanca, arquetipo de la situación de todo el sector.
El pasado miércoles miles de trabajadores del sector bancario salieron a la calle en más de media docena de ciudades de España. El sector vive un momento de profundo contraste, navegando entre los beneficios milmillonarios de las compañías y las dificultades que atraviesan los trabajadores de las entidades bancarias, que llevan años denunciando una sobrecarga de trabajo que, lejos de ir a menos, está asfixiando más y más a las plantillas, a las que además del trabajo se le amontonan otros problemas igual de velados.
MÁS BENEFICIOS Y MENOS ATENCIÓN A LOS EMPLEADOS
En A Coruña las protestas terminaron ante la sede de Abanca, quizá el paradigma de la realidad del sector: beneficios millonarios, cada año de récord en récord, pero plantillas cada vez más chamuscadas, absorbidas por el ritmo que marcan unas direcciones que quieren más y más a costa, en muchas ocasiones, de la salud de sus propios trabajadores.
“Son completamente insaciables”, critica Rita Gippini, portavoz del sindicato Comisiones Obreras en Abanca, donde sufren la altísima carga de trabajo y las presiones que han llevado a convocar estas protestas que, considera Gippini, es “el inicio” de una batalla contra todo el sector financiero por mejorar las condiciones del colectivo.
“Cada año celebran beneficios de récord, pero cada vez pasan más de la plantilla. Los beneficios son muy superiores a los de las malas épocas, pero los derechos que se perdieron entonces y la forma de trabajar no han mejorado. Siguen racaneándonos, presionando cada vez más, exigiendo una comercialización con los clientes cada vez más complicada, con más regulaciones, pero con entidades que siguen exigiendo cumplir objetivos y objetivos como si no hubiese un fin”, detallan desde el sindicato.
En ese sentido, lamentan que la atención a los clientes ha cambiado radicalmente en los últimos años, desapareciendo casi por completo “la banca tradicional”, aquella que “atendía a la gente y solucionaba sus problemas, fluía el crédito, resolvía consultas”, mientras que ahora “todo es vender, vender y vender”: “Quieren homogeneizar a los clientes, que todos sean iguales a la hora de vender. Pero esto va de otra cosa. La gente quiere ser atendida, comprendida y escuchada según sus necesidades”.
“Te piden más, y más inmediato, y esto deteriora la salud de los trabajadores. Hemos dejado de ser la referencia para muchos usuarios que ya ni nos conocen. Antes hablaban con gente en la que confiaban. Ya no existe esa función social original de una entidad financiera. Y la gente se enfada con los bancos y lo pagan con nosotros. Solo somos números”, lamenta Gippini, con nostalgia por los modelos de antes, igual que “con las tiendas de barrio, las de toda la vida; las prefiero a tener que comprar por internet, pero debo ser una especie en extinción”.
“NO PUEDEN RACANEAR EN SEGURIDAD”
En este nuevo modelo, no solo los usuarios han quedado relegados a un segundo plano, porque ahora las plantillas se ven apremiadas con cuestiones sobre cuánto y cómo van a vender para alcanzar las metas fijadas por las direcciones. Metas, todo sea dicho, que si se cumplen se multiplican, pidiendo siempre más y mejores resultados, promoviendo una competición constante entre compañeros. Éxitos que, por otro lado, no tienen una repercusión directa ni en el público ni en las plantillas.
Muchas entidades bancarias, además, han ido cerrando sucursales de manera progresiva, sobre todo en entornos rurales. Abanca, no obstante, no es la que ha realizado el tijeretazo más salvaje en este sentido, pero sí es una de las que ha realizado la apuesta más agresiva por la banca online e, incluso, por incorporar nuevas tecnologías como la IA, un nuevo terreno en el que cada vez están entrando más y más industrias.
Bajo el pretexto de que estos nuevos sistemas mejorarán los procesos, cada vez aumenta el control y la regularización a la que se ven sometidos los empleados, obligados a multiplicar sus esfuerzos más allá de las funciones propias de una entidad bancaria, ya que ahora también ofrecen otros productos, como seguros, por ejemplo. “Pero a lo mejor nosotros no tenemos la capacidad para dar la respuesta que tiene una aseguradora, como tampoco ellos venden créditos o préstamos”, razonan desde CC.OO., que insisten en volver a la esencia de los bancos.
Otro asunto que inquieta a la plantilla de Abanca es la cantidad de atracos que se están dando en sucursales del país, un goteo que no ha pasado desapercibido ni a las autoridades ni a los usuarios por la repercusión mediática que han tenido algunos golpes donde los ladrones llegan incluso a maniatar a los empleados de las oficinas asaltadas.
Todo esto no ha pasado inadvertido para el sindicato, donde asumen que existen riesgos “como en cualquier otra empresa del sector financiero”, y que por eso existen sistemas de seguridad y vigilantes. “Lo que reclamamos es que haya seguridad en las oficinas y que no se vayan a mínimos legales”, recalcan. En esa línea, acusan a Abanca de escudarse en el pretexto de que, con la normativa en la mano, cumplen con los requisitos exigidos. Sin embargo, muchas voces en los últimos años, especialmente del sector de la seguridad privada, han comentado a este diario que estas compañías están recortando en sus servicios.
“Creemos que la entidad no está en una situación como para tener estar racaneando en seguridad”, apuntan, exigiendo al tiempo “soluciones”, que dejen de “dar patadas hacia adelante” y no “esperar a que pasen cosas” para aplicar medidas que eleven la seguridad de trabajadores y usuarios “en una empresa que gana millones”. Desde el sindicato insisten en que este es un tema sensible y que están tratando constantemente con la compañía, a la que ya ha dado parte de todos aquellos elementos que han considerado susceptibles de mejorar más allá de los medios mínimos que pide la ley.
Se dan, no obstante, muchos condicionantes que confluyen en esta problemática, que pasa desde el hecho de que algunas oficinas rurales están ya obsoletas y a la tecnificación de muchas bandas de ladrones, que no se amedrentan ante alarmas o dispensadores. En Comisiones Obreras han analizado todas estas circunstancias atendiendo a las casuísticas de cada sucursal, reiterando que en aquellos sitios donde han podido notificar alguna deficiencia es necesario poner en marcha medidas apropiadas para cada situación de riesgo.
“EL DINERO NO LO ES TODO”
Con este cóctel de circunstancias, y a la vista del éxito de las movilizaciones de esta semana, el sindicato, el más representativo del ámbito en Galicia, medita aumenta la presión en el sector. Gippini insiste en que llevan “tiempo intentando buscar punto de acercamiento”, recordando que “las empresas están ganando pasta”. “Tienen que dejarnos trabajar. En todos los empleos hay presión, hay directrices, momentos en los que hay que apretar más…pero no puede ser todos los días, los 365 días del año, exigiendo un mínimo del 100%”, censura.
La “falta de autonomía”, el “sobrecontrol” o la “presión contante por cumplir objetivos inalcanzables” están resultando demoledores para una plantilla cada vez más envejecida y donde, paradójicamente, cada vez cuesta más encontrar a personal cualificado que quiera tomar el testigo, en gran medida por las condiciones laborales a las que se ven sometidos.
“Creo que el dinero no lo es todo. Las empresas piensan más en ganar dinero y creo que en la banca, en una situación de que los tipos de interés ya no están por los suelos, creo que hay que relajar un poco, no estar encima del 1 de enero al 31 de diciembre y, en cuanto acaba el año, vuelta a empezar. Las plantillas están muy cansadas, muy quemadas”. Una quemazón que puede prender la mecha en el sector, donde más no siempre significa mejor.