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SOMOS RESISTENCIA...Fernando Varela

 


“La difusión de desinformación debe tener consecuencias legales. Porque si no, no vamos a conseguir crear un entorno informativo saludable, donde las personas podamos ejercer nuestro derecho a tomar decisiones basadas en información veraz”.  Clara Pretus, neurocientífica.  

Hola, A.C. Fuco Buxán







La responsabilidad mediática no consiste solo en publicar lo que se sabe, sino en discernir qué merece convertirse en noticia y qué solo añade daño. Cuando un medio transforma la intimidad irrelevante en espectáculo, deja de informar para participar en una condena social difícilmente reparable.


En ese punto, la reputación no se destruye por una sentencia, sino por una acumulación de insinuaciones, fragmentos y detalles que no ayudan a comprender un hecho de interés público. La ética periodística exige precisamente lo contrario: respetar la intimidad, evitar intromisiones gratuitas y extremar el cuidado cuando la información afecta a personas sometidas a juicio o vulnerables.


La cuestión decisiva es la proporcionalidad: incluso cuando existe algún interés público, no todo lo accesible debe publicarse. El periodismo responsable actúa como filtro, no como amplificador automático de filtraciones, y mide el impacto de lo que difunde sobre la dignidad de las personas y sobre la calidad del debate democrático.


Ese criterio ya está en la base de los códigos deontológicos: el respeto a la intimidad e imagen, la evitación de expresiones o materiales vejatorios, y la obligación de no convertir la curiosidad pública en una justificación para invadir la vida privada.


Otra cosa es que eso ocurra en la práctica de los medios. Los titulares que leemos a diario, en muchos casos —no en todos—, dicen justo lo contrario. Por eso la responsabilidad no es solo de quienes publican: también es de los lectores, que pueden premiar o frenar ese periodismo con su atención.


En conjunto, el remedio empieza por una doble exigencia: criterio profesional al informar y criterio cívico al consumir información. Si no se recompensa la prudencia y se castiga el sensacionalismo, la reputación seguirá siendo una víctima fácil del ruido.


Buena semana.