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Prioridad nazi anal

 Aunque la ultraderecha de hoy no se basa en criterios supuestamente biológicos, sino administrativos y jurídicos, la historia se empeña en repetirse


Hace menos de un mes, el martes 19 de mayo, un hombre, Andrés Roche Cerón, mató a cuchilladas a su expareja, Erica, en la plaza Josep Tarradellas de Figueras. Eran las tres menos cuarto de la tarde, había un montón de testigos y algunos se abalanzaron sobre él cuando fue a lavarse las manos de sangre en una fuente. Fue, parafraseando a García Márquez, la crónica de una muerte anunciada. Tras diversos episodios de maltratos, Erica lo denunció por enésima vez y un día antes de su muerte, el lunes 18, Andrés Roche fue condenado a seis meses de prisión y una orden de alejamiento. Esa misma noche se saltó la orden de alejamiento a la torera y volvió a agredir a Erica, con lo que pasó a disposición judicial, pero ella no se presentó el martes por la mañana al examen forense y el juzgado decretó su puesta en libertad. Lo primero que hizo, según salió por la puerta, fue hacerse con un cuchillo y buscar a Erica para matarla.

 Antes del bestial asesinato, Andrés Roche tenía un largo historial delictivo por agresiones físicas, secuestro y amenazas de muerte a diversas mujeres con las que había mantenido relaciones. Dejando aparte la evidente monstruosidad del crimen, su vinculación a la estructura patriarcal y los clamorosos fallos judiciales en la defensa de las víctimas de violencia de género, me interesa centrarme en ciertos detalles sobre la identidad del asesino y de su víctima. Kimberli Durán García, a quien llamaban familiarmente Kim o Erica, era una mujer trans de 33 años, de origen hondureño y residente en Figueres desde hacía años. Andrés Roche Cerón es un español de raza blanca, aunque, antes de hacerse públicos sus datos, algunos usuarios en redes se empeñaron en identificarlo como inmigrante.

A nadie con un dedo de frente se le ocurriría atribuir la violencia homicida del criminal a su lugar de nacimiento o su origen racial, menos aún decretar una cacería indiscriminada de hombres blancos y españoles para evitar más asesinatos machistas.

Ahora bien, imaginen ahora qué hubiera sucedido de haberse trastocado los papeles de asesino y víctima: una mujer trans de origen hondureño que apuñala hasta la muerte a un ciudadano español y luego va a enjuagarse las manos en una fuente. Quitemos la bastante improbable inversión sexual y ciñámonos únicamente a las pinceladas étnicas: un hombre de origen hondureño que apuñala a una mujer española en una plaza a plena luz del día. ¿Qué nos quedaría entonces? Un pogromo al estilo de Torre Pacheco, donde un jubilado de 68 años sufrió una brutal agresión a manos de un joven marroquí, la cual se tradujo en un incendiario llamamiento fascista que provocó disturbios callejeros, incendios y linchamientos públicos a la población norteafricana.

He ahí, resumida en dos breves y sangrientos incidentes, el tuétano mismo de la denominada “prioridad nacional” que pretende otorgar preferencias a las familias autóctonas en servicios sociales de todo tipo, desde ayudas económicas, acceso a viviendas de protección oficial, guarderías públicas, becas y contratos de trabajo. Este novedoso concepto es la base del programa del partido Rassemblement National de Marine Le Pen y la última ocurrencia de Vox, que lo ha nacionalizado bajo el ingenioso lema “los españoles primero”