Pasar por un ingreso hospitalario en plena ola de calor no ha sido tarea fácil estos días para quienes se recuperaban de alguna dolencia en el hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, donde lo más habitual estos días era ver entrar y salir a gente del recinto hospitalario con sus propios ventiladores o sistemas de refrigeración caseros. “Las plantas que reciben más horas de sol son un auténtico horno, en nuestra habitación, nuestro aire, que incorpora termómetro, llegó a marcar 42 grados, imagínese el suplicio para todos, personal y acompañantes, pero sobre todo los enfermos”, explica Rosa Pérez, una vecina de Narón con su hermana ingresada en la quinta planta.
El termómetro llegó a marcar 42 grados dentro de una de las habitaciones, insoportable para enfermos y acompañantes
No lo han pasado mejor en la séptima, donde Miguel Fernández, de Fene, tiene ingresado estos días a su padre. “Nosotros lo acompañamos todo el día, dormimos todos los días con él y puedo decir que he pasado las noches más calurosas de toda mi vida. Ya nos dicen los profesionales que esta planta es la que más temperatura alcanza, y encima te da el sol de frente todo el día, abríamos la ventana y el aire tampoco circulaba, un auténtico horror para pacientes y para quienes están de paso”, lamenta este usuario.
Lo cierto es que han confluido varios factores para que las noches y los días hayan sido tropicales en el hospital de referencia, donde las puertas y ventanas no eran suficientes para que corriera el aire. “A mí ya me tocó estar con un familiar en este hospital algún verano menos caluroso que este y el calor es siempre muy elevado, nosotros compramos un ventilador por el ingreso de mi hijo hace años y ahora lo hemos tenido que traer de nuevo con mi marido, que lo acaban de operar”, explica Elvira P., vecina de Cabanas, quien también ha padecido las altas temperaturas en la sexta planta del centro hospitalario, y eso pese a que, como indica, “no nos daba el sol todo el día como pasa en otras habitaciones”.
Pasé las noches más calurosas de mi vida acompañando aquí a mi padre
Trabajar en esas condiciones también resulta tedioso para el personal del centro que, cuando es preguntado por la falta de sistemas de refrigeración, no tienen respuestas claras aunque muchos apuntan a que “posiblemente no es bueno que el aire vaya moviendo los ‘bichitos’ que pueda haber de una habitación a otra”.
Sea como fuere, la ola de calor de estas jornadas, con días rozando los 40 grados en el exterior, ha transformado los ingresos hospitalarios de muchos ciudadanos de Ferrolterra en algo mucho más difícil de sobrellevar.