Los 14 puntos del borrador presentado por Irán a Estados Unidos, condensan en sí mismos los grandes significados de la derrota yanqui.
La aceptación del gobierno de Donald Trump del borrador de 14 puntos muy específicos de la revolución islámica para terminar la guerra, no deja dudas de la derrota militar de Estados Unidos, y marca para la historia de la humanidad el punto de inflexión de un hegemón que fue cruda realidad durante años tras la Segunda Guerra Mundial y la caída del muro de Berlín, y se presentaba como invencible.
Los gobiernos erráticos y perversos de Trump, basados los dos períodos en supuestos de poder para saquear al máximo a los pueblos más débiles que Estados Unidos —excluyó de sus ataques a los poderosos que podían borrarlo del mapa— revelaron con más claridad que nunca el desgaste del imperialismo yanqui frente a potencias de igual calibre.
Al hegemón se le doblaron las piernas ante el avance tecnológico y científico de China y la potencialidad militar de Rusia, demostrada en la operación especial en Ucrania que paralizó el avance de la OTAN hacia el este, y desarticuló la estrategia belicista de la Unión Europea, la cual estaba creída de que en una concertación de fuerzas con el Pentágono en la época de Joe Biden, acabarían con los rusos. Pero sucedió todo lo contrario.
Trump añadió a su hegemonismo al sionismo en un pacto de muerte entre el conservadurismo multimillonario republicano y demócrata con el lobby judío en Washington, y planearon el expansionismo en toda el Asia Central para adueñarse del petróleo y sus rutas, controlar el mercado, y aislar a China privándola del suministro del crudo procedente de aquella zona caliente.
La ambición rompió el saco, y la vida le demostró al propio hegemón que su presunto poder único e insuperable, era una fábula propia de Hollywood, y que en el terreno de los hechos mostraría tantas debilidades que insistir en una alianza estratégica con el sionismo lo llevaría a la tumba, como ya habían alertado muchos expertos del propio bando estadounidense.
Solo que, hasta ese momento, no se había probado en su verdadera dimensión la fuerza real de la alianza yanqui-sionista para dominar Asia Central y aislar a China. Irán sería una suerte de prueba de fuego.
Las únicas experiencias reales eran Gaza y Líbano las cuales, sin embargo, fueron un espejismo por el carácter abusador de esa guerra asimétrica. Sin embargo, a pesar de su ventaja en armas, hombres y dinero, la resistencia palestina fue heroica, como la está siendo también la de los libaneses a pesar de las divisiones de todo tipo en esa nación que horadan la unidad, pero no al patriotismo.
Los estrategas de Trump y Netanyahu, los super multimillonarios que los apoyan, los especialistas infalibles que los secundan, se equivocaron de plano en sus análisis y dieron conclusiones equivocadas para la apertura de las puertas de Asia Occidental a las tropas conquistadoras yanqui-sionistas.
Acertaron en su observación de que, sin la derrota de Irán, el expansionismo y dominio militar, económico y político de la zona más caliente del planeta, sería un imposible para Washington y Tel Aviv.
Los convencieron de que, con el poder militar conjunto de ambas naciones nucleares, podrían acabar con Irán en solo tres días, y el resto sería “pan comido”. No es que desestimaran la capacidad defensiva de los persas. Por el contrario, la valoraron bien, aunque no en su justa medida por desconocimiento de la inteligencia militar o por no haber adivinado nunca los niveles espectaculares a los que había llegado la capacidad de respuesta iraní. Lo que sucedió fue que sobrevaloraron su poder y confundieron la fantasía con la realidad.
Irán les advirtió lo que les esperaba, pero ellos con su jactancia característica, se burlaron, en especial Trump con su rancio cinismo, y ni siquiera tuvieron en cuenta que, pasado los tres días calculados para desbaratar a Irán y a su gente, el tiempo empezó a correr en su contra, y que ya una victoria no era factible. Cuando vinieron a darse cuenta de ello, ya estaban en un callejón sin salida.
Ni los billones de Elon Musk, uno de los grandes inspiradores de la maquiavélica guerra de agresión y promotor del expansionismo y de la creación del fascismo yanqui-sionista, podrían solucionar los problemas económicos y sociales que esa guerra estaba creando a lo interno de Estados Unidos por los extraordinarios gastos no previstos que Irán provocaba y que el estadounidense común se los estaba sintiendo en sus bolsillos.
Dichos costos se deben multiplicar por dos debido a que el Pentágono no tiene ahora otra alternativa que acelerar las fábricas del complejo militar industrial para reponer sus enormes pérdidas y rehabilitar su inventario, algo que no estaba en sus planes. Fue así de duro, el golpe que les propinó Irán.
Los 14 puntos del borrador presentado por Irán a Estados Unidos —no a Israel que, en este caso, no pasa de ser la esposa regañona— condensan en sí mismos los grandes significados de la derrota yanqui que, por mucho que traten de esconderla, salen a la luz en cada uno de ellos.
Estos representan los objetivos no logrados de Estados Unidos de su guerra. Trump intenta presentar este desenlace como un gran logro diplomático de su gobierno, pero sabe que nadie se lo va a creer. El contenido del borrador lo desmiente. Examinemos sin apasionamiento cada uno de ellos:
Cese permanente e inmediato de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano.
Compromiso de Estados Unidos de no injerir en los asuntos internos de Irán y respetar la soberanía de la república islámica. Levantamiento total del bloqueo naval en un plazo de 30 días. Compromiso de EE.UU. de retirar sus fuerzas de las zonas aledañas a Irán.
Además, reapertura del estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días, con la participación de Irán. Suspensión de las sanciones a la venta de petróleo, productos petroquímicos y derivados, y pleno acceso de Irán a sus recursos financieros. Que Washington y sus aliados presenten planes de reconstrucción para Irán por un valor mínimo de 300.000 millones de dólares.
Máximo, 60 días de negociaciones para alcanzar un acuerdo final sobre cuestiones nucleares y el levantamiento completo de las sanciones primarias y secundarias estadounidenses, así como de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica. Reiterar el compromiso de Irán, en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear, de no producir armas nucleares.
Como se puede observar, no hay en esos puntos ni uno solo que se acerque a los propósitos tan publicitados y reiterados por Trump para desatar la guerra, ni alguno que se asemeje a los que el mandatario repitió constantemente durante el conflicto como condiciones para terminar la guerra de agresión.
El fracaso es total, y si en verdad la democracia funciona en Estados Unidos, y hay conciencia de que los multimillonarios han hundido en la vergüenza a la nación, Irán debe de tener consecuencias graves para ellos en las elecciones internas de noviembre, como las debería tener también el holocausto al que están sometiendo a Cuba con una guerra económica de exterminio la cual le correspondería al pueblo estadounidense detener y obligar a su gobierno a reparar el daño ocasionado al pueblo de ese pequeño y heroico país.
Si el equipo de gobierno de Washington estuviera integrado por personas racionales, hoy mismo todos renunciarían a sus cargos, empezando por Trump, y dejarían que el pueblo estadounidense, mediante sus instrumentos institucionales y democráticos, formaran una nueva administración. Sería una claudicación más o menos honrosa.
Todavía hay que esperar, y ojalá que en ese interín la cordura impere en Estados Unidos, pues las negociaciones finales no comenzarán hasta que se libere la mitad de los fondos iraníes congelados, se suspendan las sanciones petroleras contra el país persa y se levante el bloqueo naval.
El acuerdo final se basará exclusivamente en el destino del uranio enriquecido y el enriquecimiento, el levantamiento de las sanciones y el programa de reconstrucción económica iraní. Mientras, el garante más efectivo de que se llegue a un acuerdo final, seguirá siendo el estrecho de Ormuz.