Cuando dos políticos se insultan en el Congreso, los medios tienen titular. Cuando uno de ellos lleva meses aplicando una estrategia coherente para bloquear una política concreta, los medios tienen trabajo. La diferencia entre ambas coberturas es la diferencia entre amplificar el ruido y hacer periodismo.
El modelo dominante en estos momentos elige casi siempre la primera opción. No por pereza, sino por una lógica económica que identifica la atención como un recurso para garantizar métricas positivas en internet, porque en los entornos digitales la atención la generan el conflicto, la amenaza y la urgencia. Un exabrupto activa esos mecanismos de forma inmediata. Un análisis del mecanismo detrás del exabrupto no actúa igual, aunque explique más.
Los medios no eligieron esta trampa libremente. La heredaron de las plataformas que distribuyen su contenido y miden su rendimiento en clics y compartidos. Facebook y Google construyeron algoritmos que premian la reacción emocional. Los medios adaptaron sus formatos a esas formas de contar lectores, aunque sean falsos.
El daño político que todo esto produce es difuso pero acumulable. Una cobertura centrada en el enfrentamiento desplaza de la agenda la pregunta de quién tiene razón y por qué. Lo que queda fuera es lo más útil: las estrategias, los intereses, los precedentes, las consecuencias reales de las decisiones. Ese periodismo existe, pero compite en desventaja con el que garantiza más reacciones en menos tiempo. Aunque se evapore rápidamente.
Hay además un coste personal. La información procesada como alarma permanente alimenta la fatiga, no el criterio. La sobrecarga informativa no produce audiencias más informadas: genera ciudadanos más agotados.
Los medios que apuestan por coberturas de proceso en lugar de seguimiento de exabruptos son —somos— muy pocos. Y la mayoría no sobreviven —no sobrevivimos— con publicidad programática: sino con lectores que pagan. Y eso no es una coincidencia. Es el resultado de un pacto fructífero entre lectores exigentes y periodismo de calidad.
Buena semana.