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Cultura. A propósito del documental La Fosa de Alcaraz: La memoria, siempre la memoria

 



(Documental producido por la Asociación Fosa de Alcaraz y realizado por
el Colectivo de Comunicación Popular Voces en Lucha, 2026).

En el año 2012 se exhumó una fosa común en el cementerio de Alcaraz, un pequeño
pueblo de Albacete, Castilla, en el Estado español. En la fosa yacían los restos de los
cuerpos de un grupo de hombres fusilados en los primeros tiempos de la dictadura del
general Francisco Franco, en pleno auge del terrorismo estatal. Pruebas contundentes
corroboraron que esos hombres, antes de ser fusilados, habían sido torturados. Además
de exhumados, los restos hallados fueron sometidos a un proceso de identificación.
Fosas como la de Alcaraz, abundan y están diseminadas por diversos rincones del
Estado español.
Producido por la Asociación Fosa de Alcaraz, realizado por el Colectivo de
Comunicación Popular Voces en Lucha, el objetivo del documental La Fosa de Alcaraz
es registrar un trauma histórico y reflexionar sobre sus efectos visibles e invisibles,
sobre el retorno sintomático (y fantasmal) de un pasado que, desde el poder
hegemónico, se pretende tergiversar o, directamente, negar. Asimismo, el documental
da cuenta de una ejemplar política de la memoria: expone el trabajo tendiente a superar
ese trauma y a ahondar en ese pasado de parte de los familiares de las víctimas del
franquismo. Una aclaración necesaria: la de víctima es una categoría social, política y
ética.
El trauma, claro está, no es solo de las familias de las víctimas desaparecidas, sino de
toda la sociedad española. Por lo tanto, el rol de los familiares es significativo y
relevante. Al exhumar e identificar los restos ocultos de sus muertos, al consumar la
conmemoración dolorosa, logran “cerrar” una historia personal y, con el cese del duelo,
producen un hecho de reparación colectiva, un hecho políticamente sanador. Junto a los
restos de sus antepasados, exhuman una verdad que atañe al conjunto social. Le ofrecen
a toda la sociedad la posibilidad de avanzar sobre bases éticas firmes. Aunque pocas y

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pocos lo reconozcan, el silencio sobre esa y otras fosas no hace más que impregnar de
violencia a los pueblos del Estado español. La mentira, el olvido, son plenamente
funcionales a los actuales epígonos de los perpetradores, a sus herederos neofascistas.
El documental nos muestra que el trauma surge de la combinación de diversos factores.
Hay un sustrato fascista identificado con los perpetradores que persiste en las
instituciones y en las subjetividades de una parte de la sociedad española. En la
actualidad ese sustrato se articula perfectamente con las clases dominantes y con
quienes concentran altas cuotas de poder material y/o simbólico en el Estado español.
Desde esa posición de poder, se regulan los contenidos del discurso público, se
determina lo decible y lo indecible, se crean las condiciones para que no se generen
actitudes empáticas mientras se alimenta la indiferencia masiva.
Luego, la prolongada estigmatización de las víctimas garantizó la continuidad del
miedo. En efecto, las víctimas fueron culpadas y no faltan quienes, retrospectiva y
morbosamente, siguen culpándolas. Las primeras generaciones de familiares de las
víctimas callaron (y siguen callando), nunca pudieron narrar la pérdida, se sumergieron
en la melancolía más profunda, en la depresión y en la desorientación. El único
testimonio de una hija, muy mayor, de uno de los fusilados es especialmente ilustrativo
de esta actitud. Y, por cierto, es asaz desgarrador. Solo la tercera generación, la
generación de las nietas y los nietos ha roto el silencio. Ellas y ellos brindaron sus
testimonios, motorizaron la búsqueda de la verdad. De esta manera, han comenzado a
superar el trauma.
Finalmente, el documental pone en evidencia la falta de compromiso del Estado
español, su falta de empatía, desde la transición democrática hasta la actualidad. Se
sabe, sin empatía no hay comprensión. El penoso papel del Estado ha sido posponer el
duelo, con la vana esperanza de eludirlo: ¿acaso existe un gesto más perverso? De este
modo, con su irresponsabilidad ética, el actual Estado español se ha situado en relación
de continuidad con el Estado franquista perpetrador.
El documental deja en claro que no solo se trata de recuperar osamentas y nombres, sino
también historias de vida y, sobre todo, de reivindicar a militantes populares: a
jornaleros, obreros, maestros; a anarquistas, socialistas, comunistas, que lucharon por la
justicia, la igualdad y la libertad en su sentido más pleno; a los maquis, vanguardias de

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la resistencia contra la dictadura en el momento más aciago, heroicos contradictores del
fatalismo de las correlaciones de fuerzas.
De un modo sutil, el documental muestra cómo las atrocidades del franquismo no han
sido lo suficientemente textualizadas a casi noventa años del inicio de la dictadura y a
más de cincuenta años de la muerte del dictador. Pone en evidencia cómo, a pesar del
paso del tiempo, en el Estado español existen diferencias que no logran ser
simbolizadas, entre otras cosas porque proliferan las tendencias autoritarias (a veces
“democráticamente” encubiertas) que inhiben esa posibilidad. El lenguaje ha sido
distorsionado al punto de naturalizar el horror y no reconocer un gesto digno, una
actitud de entrega y solidaridad. El lenguaje ha sido bastardeado y a muchas personas
les cuesta diferenciar entre víctimas y victimarios.
Al centrarse en el testimonio postraumático de los familiares de la victimas La Fosa de
Alcaraz evita toda distorsión narrativa y reniega de todo artificio. Toda la verdad está en
las palabras, los gestos y los silencios de las personas que brindan sus testimonios. Toda
la verdad está en la decisión de darle cabida a esas voces. Toda la verdad está en la
lucha desigual y agonística de una pequeña asociación comprometida con la restitución
de los rituales y de otros hábitos que confieren humanidad. Toda la verdad está en la
militancia de un pequeño colectivo que se enfrenta a un poder inmenso (pero agrietado)
y que, con cada exhumación, trasciende el síntoma y produce un hecho político-cultural
de una potencia inconmensurable. Toda la verdad y toda la belleza.

Lanús Oeste, 24 de abril de 2026.