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Palestina. Día de la Tierra Palestina 50 años después: Memoria y resistencia

 



Hoy se conmemora medio siglo del Día de la Tierra Palestina, una jornada que recuerda la confiscación de territorios, la represión y la resistencia de sus comunidades.

50 años del Día de la Tierra Palestina. Día para Al-Naqab, Al-Jalīl, Haifa, Akka, Franja de Gaza, Yahuda, Nablus, Al-Quds. Día para quienes resisten, para su memoria.

El sionismo, como los lobos, aulló hace más de 70 años sobre esta tierra y quiso devorarla: las playas de Gaza, las montañas del centro y del norte, los desiertos del sur. Décadas de lucha sin fin.

Si los olivos pudieran… detendrían las bombas. Las bombas cayendo desde máquinas de hierro; los olivos creciendo desde la tierra. Se doblan, se retuercen, resisten y florecen. Frente a las bombas. Frente a los muros. Frente a los resorts, los olivos, casi sin ramas, siguen floreciendo.

Hoy, cuando el pueblo palestino conmemora medio siglo del Día de la Tierra, persisten muchísimos desafíos: la expansión de asentamientos ilegales, la confiscación de los terrenos, las restricciones de acceso, los crímenes contra comunidades enteras.

Origen del Día de la Tierra

Hace cinco décadas, el 30 de marzo de 1976, las autoridades israelíes avanzaban en la confiscación de grandes extensiones de tierra en el Triángulo, Galilea y el Néguev.

La respuesta palestina fue inmediata: huelgas, manifestaciones, una revuelta popular en ciudades y pueblos. La represión del colonialismo dejó seis mártires, y cientos de heridos.

Desde entonces, el Día de la Tierra devino símbolo nacional que recuerda la conexión del pueblo palestino con su tierra y su rechazo a la ocupación.

Confiscación e intento de controlar la tierra Palestina

Desde octubre de 2023, las autoridades israelíes intensificaron la emisión de órdenes de confiscación de tierras, como parte de su estrategia para consolidar y expandir la ocupación de territorios históricamente palestinos.

Según un informe de la Comisión contra el Muro y los Asentamientos de la Autoridad Palestina, en 2025 “Tel Aviv” confiscó cinco mil 572 dunams (5,574 kilómetros cuadrados) mediante 94 mandatos por motivos militares, además de muchas otras órdenes de expropiación y declaraciones de “tierra estatal”.

Las medidas no fueron casos aislados, sino pensadas para expandir los asentamientos coloniales, asegurar sus perímetros y construir carreteras que fragmentan aún más el territorio ocupado.

El régimen sionista destinó 16 mil 733 dunams (16,73 kilómetros cuadrados) previamente confiscados al pastoreo de colonos, lo que evidencia una escalada en los mecanismos de control territorial, precisó la Comisión.

Durante el período comprendido entre octubre de 2023 y el mismo mes de 2025, los expertos registraron la expropiación de 55 mil dunams (55 km²) adicionales,

  • 20 mil dunams (20 km²) bajo el pretexto de modificar los límites de reservas naturales,
  • 26 mil dunams (26 km²) declarados “tierras estatales”,
  • Mil 756 dunams (1,756 km²) mediante órdenes militares para la construcción de torres, carreteras y zonas de seguridad alrededor de los asentamientos.

Desplazamiento y fragmentación

En Al Quds, el pueblo palestino sigue sometido a un régimen de desplazamiento y genocidio.

Las expulsiones en curso en Silwan y Sheikh Jarrah, y la demolición sistemática de viviendas, forman parte de una estrategia deliberada para fragmentar y eliminar su presencia histórica.

El cierre de la mezquita de Al-Aqsa durante el Ramadán representa no solo una restricción de la libertad religiosa, sino un ataque a la vida colectiva, la memoria y la identidad.

Cisjordania enfrenta redadas militares, arrestos arbitrarios, violencia de colonos y expansión de asentamientos, intensificando la fragmentación y el despojo territorial.

Las restricciones de movimiento y la confiscación de tierras son herramientas de control que asfixian la vida cotidiana y niegan la posibilidad de estabilidad.

En la Franja de Gaza, el bloqueo continuo y los ataques militares provocaron una realidad humanitaria catastrófica. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas estima que más de 1,4 millones de personas están desplazadas dentro del propio territorio.

La vigilancia constante, los controles militares y la presencia de colonos armados estructuran la vida diaria en toda Palestina.

Niños pequeños crecen bajo ocupación, aprendiendo el miedo como condición de existencia. Los colonos saquean viviendas, roban alimentos y aterrorizan a las familias.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estima que, en el primer trimestre de 2026, la violencia de colonos y las restricciones de acceso a tierras y servicios desplazaron a mil 697 palestinos, cifras mucho peores a las de 2025.

Guerra contra Irán y ataques del imperialismo en todo el mundo 

La situación en Palestina evidencia una violencia estructural prolongada, marcada por la ocupación, la discriminación sistémica y graves violaciones a los derechos humanos.

No se trata de una nueva escalada, sino de una realidad continua de colonialismo, apartheid y violencia de asentamiento desde hace más de siete décadas.

A nivel global, hoy el planeta atraviesa una expansión y agravamiento de la guerra y la militarización en todo el mundo, donde las tierras y las vidas de los pueblos se convierten en campos de batalla para mantener la hegemonía geopolítica de las fuerzas imperialistas.

Desde Palestina hasta Irán, desde Líbano hasta Venezuela y Cuba, el propósito de las hegemonías es el mismo: aumentar el control sobre la energía mediante la fragmentación y la supresión de la soberanía de los pueblos.

La guerra imperialista contra Irán conlleva una destrucción ambiental irreversible, castigando no solo la resistencia actual, sino también a las generaciones futuras del territorio.

En Líbano, las violaciones de la soberanía, el desplazamiento forzado y la destrucción de infraestructuras civiles reflejan una estrategia de castigo colectivo.

Y, sin embargo, la memoria de la tierra sigue viva. Los pueblos que resisten no se rinden: sus nombres, sus olivos, sus casas y sus calles son testigos de la lucha.

Fuente: Al Mayadeen