Empantanado en una agresión que halló respuesta firme de Irán, sin solución a la vista y aislado de aliados tradicionales en anteriores aventuras bélicas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó este miércoles que Washington «se retirará de Irán muy rápidamente» —aunque podría volver para llevar a cabo «ataques puntuales» si es necesario— y que está considerando la retirada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
A horas de un discurso a la nación previsto para la noche de este miércoles primero de abril y ante la realidad de que el 62 por ciento de los estadounidenses se opone a prolongar la agresión mediante el envío de tropas terrestres, el inquilino de la Casa Blanca intentó una vez más convencer a sus connacionales de que Estados Unidos saldrá rápidamente de una guerra a la que se lanzó sin aprobación del Congreso.
En declaraciones a una agencia internacional, Trump dijo: «No puedo decirles con exactitud (cuándo terminará la guerra)… saldremos bastante pronto», nueva formulación inexacta para un conflicto que semanas atrás dibujó como puntual y quirúrgico, y que hoy va dejando el dramático saldo de 1.500 iraníes asesinados, entre ellas más de 160 niñas de una escuela en Minab, cuyas vidas segó un Tomahawk «Made in USA».
«Irán no tendrá armas nucleares porque ahora mismo son incapaces de tenerlas», expresó Trump, quien secundó los ataques que instigó Benjamín Netanyahu pese a que Irán reiteró que su programa nuclear —resultado legítimo de su desarrollo científico, no de capacidades creadas por una potencia extranjera— es pacífico y que no produciría armas de destrucción masiva.
Insistió en que Estados Unidos logró un «cambio de régimen» por lo que llamó «bajas de la guerra», aunque el liderazgo de Irán no ha claudicado, demostró resiliencia y sus Fuerzas Armadas (FF.AA.) se aproximan a las 80 oleadas de ataques con misiles y drones contra intereses militares y estratégicos de Washington y Tel Aviv en Oriente Medio. Los ataques defensivos iraníes, bajo la Operación Promesa Verdadera 4, han causado severos destrozos a las bases militares yanquis en la región, a centros de datos, infraestructuras energéticas y otras, además de hundir el mito de defensas aéreas invulnerables y poner en fuga a portaviones considerados invencibles.
Añadió que el uranio enriquecido de Irán «está tan bajo tierra que no me importa». Supuestamente, ese material había quedado así cuando Estados Unidos bombardeó los centros nucleares iraníes en junio de 2025, durante «la guerra de los 12 días». Según lo que el propio Trump declaró en aquel momento respecto a haber liquidado el programa nuclear iraní, nada apuntaba a la necesidad de agredir nuevamente a la República Islámica el 28 de febrero pasado.
Asimismo, Trump reprochó nuevamente a los aliados de la OTAN no haber respaldado a Estados Unidos durante sus ataques unilaterales contra Teherán. «No han sido nuestros amigos cuando los hemos necesitado… Nunca les hemos pedido mucho… es una relación unilateral», declaró el mandatario en lo que podría ser el preámbulo de la salida de Estados Unidos de una alianza atlántica que intentó manipular a su antojo.
Previamente, Trump calificó a la OTAN como «tigre de papel» luego de que esta se negara a enviar buques militares para abrir por la fuerza el estrecho de Ormuz. El control por Irán de la estratégica vía a consecuencia del conflicto disparó los precios del petróleo y el gas a pesar de los vaticinios de Washington.
A más de un mes de sonar los tambores de guerra, la máquina de guerra de Estados Unidos e Israel no consiguió destruir el programa de misiles de la República Islámica, en tanto que la Guardia Revolucionaria y otros componentes de las FF.AA. iraníes les han propinado una derrota costosa que la Casa Blanca no admitirá e intentará vender como una victoria.
En tal caso, se trataría de una «victoria pírrica» que la Casa Blanca precisa con urgencia a la vista de las elecciones de medio término en noviembre próximo, escenario en que podrían pesar demasiado el autoritarismo de la Make America Great Again (MAGA), los abusos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y la represión contra migrantes, así como la inflación, el desempleo, los aranceles sin fundamento legal y otros descalabros en el plano interno.