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Palestina. Trump sugiere que Blair, uno de los líderes más corruptos de Occidente, gobierne Gaza tras la destrucción israelí

 


foto: Tony Blair

Medios israelíes informan que Estados Unidos está trabajando en un plan para nombrar al ex primer ministro británico Tony Blair al frente de una administración interina en Gaza. Según Haaretz, el plan prevé que Blair supervise las labores de reconstrucción con el apoyo de las fuerzas internacionales estacionadas en las fronteras de Gaza.

Una fuente política árabe de alto nivel dijo al periódico que la propuesta estadounidense ya fue compartida con los líderes árabes.

Hasta el momento, Washington y Tel Aviv no han comentado el informe. Sin embargo, la idea de que Blair gestione Gaza ya ha suscitado debate. Muchos recuerdan que Blair es una de las figuras políticas más infames de las últimas dos décadas. Su nombre está vinculado a múltiples escándalos que dejaron profundas cicatrices en la política británica y en el mundo entero.

A continuación se enumeran los principales escándalos que siguen acechando a Blair y que podrían ensombrecer su papel en Gaza.

La guerra de Irak: los crímenes de guerra se acumulan

En 2003, Blair colaboró ​​estrechamente con el presidente estadounidense George W. Bush e impulsó al Reino Unido a invadir Irak. Afirmó que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva y representaba una grave amenaza. También vinculó a Irak con el terrorismo global tras los atentados del 11-S.

Las armas de destrucción masiva prometidas nunca aparecieron. Pruebas posteriores demostraron que la información de inteligencia era deficiente, exagerada o tergiversada. Los críticos acusaron a Blair de engañar al Parlamento y a la opinión pública.

En 2016, la Investigación Chilcot emitió un veredicto devastador. El informe, de 2,6 millones de palabras, concluyó que se exageraron los argumentos a favor de la guerra, se ignoraron las opciones pacíficas y la planificación para las secuelas fue «totalmente inadecuada».

El coste de la guerra fue catastrófico. Más de 200.000 iraquíes murieron, según estudios académicos. Millones de iraquíes fueron desplazados. Esta sigue siendo la mayor mancha política de Blair. Los manifestantes aún lo tildan de «mentiroso» y «criminal de guerra». Las peticiones de que se le juzgue conforme al derecho internacional no han disminuido.

El escándalo del dinero por honores

En 2006, el gobierno laborista de Blair se vio sacudido por el escándalo de los «préstamos a cambio de títulos nobiliarios». Los medios de comunicación revelaron que empresarios adinerados prestaron millones en secreto al Partido Laborista. Poco después, algunos de ellos fueron nominados para escaños vitalicios en la Cámara de los Lores.

Esto levantó sospechas de que se estaban vendiendo honores políticos. La policía inició una amplia investigación penal. Blair fue interrogado tres veces, convirtiéndose en el primer primer ministro británico en funciones en ser interrogado por la policía en una investigación de este tipo.

Negó haber actuado mal. La fiscalía afirmó que no había pruebas suficientes para acusarlo. Pero el daño ya estaba hecho. El escándalo alimentó la percepción de que el gobierno de Blair había aceptado la misma corrupción que él prometió limpiar.

Acuerdos comerciales y conflictos de intereses

Tras dejar Downing Street en 2007, Blair amasó rápidamente una fortuna multimillonaria. Firmó contratos de consultoría, pronunció discursos y asesoró a bancos y gobiernos.

Uno de sus acuerdos más lucrativos fue con JP Morgan, supuestamente valorado en 2 millones de libras al año. También colaboró ​​con gobiernos con un historial deficiente en materia de derechos humanos, como el de Kazajistán. Los críticos afirmaron que estas decisiones demostraban que las ganancias eran más importantes que los principios.

Documentos posteriores revelaron que Blair presionó a funcionarios de la Autoridad Palestina en la Cisjordania ocupada para que otorgaran una licencia de telefonía móvil a una empresa vinculada a clientes de JP Morgan. Al mismo tiempo, se desempeñaba como enviado de paz del Cuarteto para Oriente Medio.

La superposición planteó preguntas difíciles: ¿Blair estaba promoviendo la paz o su propia red empresarial?

“Sleaze” y la renovación de Irvine

Blair llegó al poder en 1997 con la promesa de sanear la política tras años de escándalos conservadores. Sin embargo, su gobierno pronto enfrentó sus propios problemas.

Un caso clave involucró al Lord Canciller Derry Irvine, mentor de Blair. Irvine gastó alrededor de 650.000 libras esterlinas de los contribuyentes en la remodelación de su residencia oficial. La extravagancia indignó al público.

Aunque el propio Blair no ordenó el gasto, este se convirtió en un símbolo de hipocresía. El Partido Laborista había hecho campaña como el partido de la gente común. En cambio, sus críticos vieron despilfarro y elitismo. Para Blair, fue otro golpe a la imagen de una «nueva política».

La Fundación de la Fe Tony Blair

En 2008, Blair fundó la Fundación Tony Blair Faith. Su objetivo era promover el diálogo interreligioso y combatir el extremismo. En teoría, parecía un proyecto noble. En la práctica, generó escepticismo.

Los musulmanes, en particular, percibieron el papel de Blair como vacío, dada la devastación de la guerra de Irak. Los críticos argumentaron que la fundación sirvió más como un ejercicio de imagen que como una auténtica estrategia para tender puentes. También surgieron dudas sobre las fuentes de financiación y los motivos políticos.

La fundación sí gestionaba programas educativos y juveniles. Sin embargo, nunca escapó a la sombra del historial de política exterior de Blair. Para muchos, parecía más una gestión de reputación que una reconciliación.

Lo que el historial de Blair significa para Gaza

Si Blair es nombrado para dirigir la reconstrucción de Gaza, su pasado lo perseguirá. Para los palestinos, su papel en la guerra de Irak y sus estrechos vínculos con Washington socavan cualquier afirmación de neutralidad. Sus vínculos financieros y su historial de cabildeo plantean dudas sobre si priorizaría a las personas sobre las ganancias.

Los críticos de Blair, tanto en Gran Bretaña como en el extranjero, ya cuestionan su credibilidad como mediador de paz. Más de 15 años después de que dejó el cargo, los movimientos de protesta siguen concentrándose en su contra.

La idea de poner a una figura tan corrupta al mando de Gaza podría generar más controversia que estabilidad. Para muchos palestinos, Blair no representa la esperanza, sino los fracasos de la intervención occidental