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Pensamiento crítico. De colaboracionistas y apolíticos

 


Por Amparo Lasheras, Resumen Latinoamericano, 6 de septiembre de 2025.

Durante el franquismo no se podía hablar de política. Además de la censura colectiva impuesta por la

 dictadura, existía otra, más individual, alimentada por el miedo a ser incorrecto con el régimen. Había quien

 reafirmaba ese miedo gritando «soy apolítico». Así justificaba su silencio obediente y se eximía a sí mismo

 de cualquier responsabilidad en la continuidad del gobierno fascista.

Las acciones de protesta, llevadas a cabo durante el paso de La Vuelta por Euskal Herria, a favor de

 Palestina y contra la participación del equipo israelí, han vuelto a poner en el centro la teoría de que, por un

 lado, está la política y por otro, todo lo demás, es decir, la vida. Con sus argumentos retoman, aquel «soy

 apolítico» y lo modernizan con un aire de escapismo «democrático» que da vergüenza ajena. El filósofo

 francés Jean-Paul Sartre contaba que, en la Francia ocupada, solo existían dos opciones, colaborar con

 los alemanes o apoyar a la resistencia. Sartre argumentó el «no elegir», y más en aquel tiempo, como un

 «autoengaño» y «mala fe». Lo mismo ocurre hoy con Palestina. Que los gobiernos callen y no tomen

 medidas contra Israel o que el deporte y la cultura miren para otro lado tiene mucho que ver con la «mala

 fe» de los «colaboracionistas» franceses y de aquellos «apolíticos» del franquismo.