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Cultura. La raíz del olivo: Contigo en la distancia

 


Escribir como una forma de romper las distancias. Escribir cartas, como en las viejas épocas, aunque se las disfrace con formas digitalizadas, con circulaciones a través de redes o correos electrónicos. Escribir, como una forma de resistir, para que esa misma distancia no se lleve consigo los recuerdos, las memorias de un pueblo, las esperanzas.

Hay unos once mil kilómetros de distancia entre Cuba y Palestina. Pero ese número solamente mide una distancia física, el recorrido que hay que hacer para pasar de un espacio al otro. Cuando en el tramo final de La raíz del olivo (Viera, 2024), Basel Salem parte de su recuerdo de niño de seis años recibiendo la noticia de la muerte del Che Guevara, no lo hace simplemente para enumerarlo como tal, sino para articularlo como relación entre dos pueblos, entre dos maneras similares de enfrentarse a un enemigo para liberarse. Que haya elegido Cuba para estudiar ingeniería mecánica en lugar de Rusia o Rumania, dice, tiene que ver con que la lucha de ese pueblo, como la de Vietnam, iluminaban a la juventud de la época. Esa distancia física entonces se acorta. Se anuda en la forma en que los jóvenes palestinos que estudiaban en la isla pudieron luchar por su tierra desde el Líbano en la década del 80. En los cubanos que participaron de la historia palestina y en los palestinos que intervinieron en la historia de Cuba.

El mar que pone distancias que parecen insalvables, se vuelve entonces, parte del acercamiento, espacio de posible convivencia, a una y otra orilla. Como hace Murid, que recorre el Malecón de La Habana porque ese mar le recuerda al de su tierra, a la que no vuelve desde hace 7 años. Las cartas que se escriben a lo largo de La raíz del olivo son justamente, una suerte de botellas lanzadas al mar, para que lleguen al otro lado, sorteando los bloqueos y los bombardeos.

A excepción de Basel, todos los que escriben esos textos son jóvenes. Todos han partido de Palestina en tiempos más o menos recientes y encontraron en Cuba el lugar donde estudiar. La coincidencia es en la medicina. Hay algo allí, en esa intención de aprender a curar, que está revelando no solo las inclinaciones personales, sino las intenciones de aplicar esos conocimientos al sufrimiento de su tierra, de sus compatriotas. Por eso, la mirada de esos jóvenes se vuelve una y otra vez hacia esa patria distante. Porque en ese retorno que establece la palabra, hay una afirmación de la existencia, un rechazo implícito a la negación y al ataque. Un recuerdo que enlaza los mártires del pasado con los del presente, los muertos de la resistencia pasada con los que sufrieron los bombardeos israelíes durante todo el año 2024.

Marcados por las pérdidas –padres, abuelos, hermanos, amigos- o planteando una mirada hacia el futuro –la carta de Onaima a su hijo por venir-, los textos se mueven entre la resistencia ante el horror y la esperanza en el futuro. Pero, por sobre todo, se plantean como parte de una tradición y una historia que debe permanecer. La distancia y la permanencia en otro país no implican el olvido: hay una consistente defensa de la memoria como elemento que encarna en los cuerpos y que debe trascender lo individual en el tiempo. “Ser en el futuro la memoria de los que nos precedieron” dice Onaima, resumiendo la función que les cabe a todos esos jóvenes.

Algo que se deja trasuntar en el uso metafórico de los frutos de la tierra. Si la sandía sirvió para sostener los colores de la bandera de Palestina cuando fue prohibida por las fuerzas de ocupación, luego fue indicador de las semillas que brotaban de esos mismos colores para seguir creciendo. Si el olivo es la identificación natural del paisaje, también aparece signado por la fuerza de su raíz, por llevar en ellas la historia de los palestinos. La raíz del olivo plantea desde el título, eso que no puede arrancarse y que persiste, incluso entre las ruinas, entre las imágenes de asesinatos, entre la sangre derramada y esa Gaza que es pura destrucción, pero en la que sus hijos persisten. Aunque momentáneamente estén obligados a partir a otras tierras, desde las que solo piensan en el momento de regresar.

La raíz del olivo (Argentina, Bolivia, Cuba, Líbano / 2024). Guion y dirección:  Sergio Eguino Viera. Duración: 54 minutos.