por Valeria Menéndez /El Porteño /Resumen Latinoamericano, 11 de septiembre 2025.
En 1975, cuando las cárceles clandestinas y los campos de concentración de la dictadura comenzaban a poblarse con miles de militantes obreros y populares, Patricio Guzmán estrenaba en el exilio lo que sería, sin dudas, la obra cinematográfica más importante jamás realizada sobre el proceso revolucionario chileno: La Batalla de Chile.
Rodada entre 1972 y 1973, con cámaras precarias y en medio del torbellino político, la trilogía constituye un testimonio único de un pueblo en armas –o en el camino de armarse–, de sus contradicciones, de sus esperanzas, de su derrota. Se compone de tres partes:
- La insurrección de la burguesía (1975):
Documenta el paro patronal de octubre de 1972 y las maniobras conspirativas de la derecha y la Democracia Cristiana, articuladas con el imperialismo norteamericano, que preparan el terreno para el golpe. Es la radiografía viva de cómo una clase dominante, cuando se ve amenazada, paraliza el país y se organiza como fuerza contrarrevolucionaria. - El golpe de Estado (1976):
Muestra la escalada de la conspiración militar y el fracaso del constitucionalismo. La cámara de Guzmán se infiltra en las calles y en el propio Palacio de La Moneda el 11 de septiembre, capturando el momento en que la ilusión de la “vía pacífica” se transforma en tragedia. - El poder popular (1979):
Quizás la parte más conmovedora, pues revela el surgimiento de los Cordones Industriales y otras formas de autoorganización obrera y popular. Guzmán registra el embrión de poder obrero que emergía desde abajo, que señalaba la única vía real para derrotar a la burguesía, pero que fue desarmado por el reformismo de la Unidad Popular.
El cine como documento histórico de la lucha de clases
La Batalla de Chile no es solo un documental: es una lección de estrategia revolucionaria. Su potencia reside en mostrar que la derrota del 11 de septiembre no fue un rayo en cielo despejado, sino el resultado de una correlación de fuerzas y de una política concreta.
- La burguesía conspiró abiertamente, con el apoyo del imperialismo.
- Las masas respondieron con organización y coraje, creando los Cordones Industriales, ocupando fábricas, controlando barrios.
- El gobierno de la UP, prisionero de su fe en la institucionalidad, desarmó a los trabajadores y abrió el camino al golpe.
El documental deja claro que, cuando la clase obrera empieza a organizar su propio poder, la burguesía no tolera medias tintas: o la revolución avanza hasta la toma del poder, o la contrarrevolución arrasa.
Vigencia política
Hoy, La Batalla de Chile sigue siendo una herramienta imprescindible para nuevas generaciones que buscan comprender qué significa enfrentarse al capitalismo y sus Estados. No es memoria pasiva ni nostalgia: es advertencia y legado.
Como escribió Trotsky sobre la revolución española: “La revolución no espera; cuando se detiene, retrocede. Y cuando retrocede, es destruida”. Guzmán nos muestra con imágenes vivas esa misma verdad histórica en nuestro suelo.
Conclusión
La obra de Guzmán es patrimonio de la clase trabajadora internacional. Es el archivo fílmico de un pueblo que luchó por conquistar el cielo con sus propias manos y que fue traicionado por el reformismo.
Ver La Batalla de Chile hoy no es un ejercicio cultural: es un acto político. Es reconocernos en la militancia de quienes nos precedieron, sacar las lecciones estratégicas de la derrota y retomar la tarea pendiente: hacer de los Cordones Industriales y del poder popular la base de un auténtico gobierno obrero y socialista.
https://youtu.be/hz3N-wDtn6E