Las generaciones anteriores estaban acostumbrabas a percibir la nostalgia generalmente en personas de edad avanzada, sin embargo la juventud de hoy está acortando a edades juveniles ese sentimiento de añoranza melancólica.
Imaginémonos que se llama Lucía, tiene 24 años y uno de sus post con más likes (en Fin de Año) dice lo siguiente: «Gracias a este increíble 2024 por darme momentos que nunca olvidaré y gracias a las personas que formasteis parte de ello, hemos pasado por muchas cosas juntos, gracias por estar siempre ahí, os quiero infinito» (junto al texto, un vídeo formado por fotografías de todos sus amigos y amigas, con una canción acompañando las emotivas palabras).
Un post que refleja la híper nostalgia propia de muchas personas jóvenes que forman parte de una generación aparentemente más sensible que las pasadas. Donde hace décadas observábamos nostalgia en las personas mayores, al volver la vista atrás y añorar tiempos pasados, ahora lo vemos en jóvenes con toda la vida por delante.
¿Por qué esta nostalgia prematura? Es posible que ser de las primeras generaciones de nativos digitales influya en la excesiva idealización de los momentos. Las redes sociales y el contenido digital promueve la sensibilización a través de estímulos muy potentes, todo ello con sus ventajas y desventajas. Vídeos acompañados de música sensible para mostrar un acto de cariño de un perro con un niño para fomentar la sensibilidad con los animales, o un tiktok impactante para fomentar la empatía con las víctimas de bullying en la escuela, podrían ser dos ejemplos de tantos.
Además son hijos e hijas de padres y madres más adultos que han practicado más la comunicación, la empatía y en algunos casos la permisividad. Son hijos de las prisas y el consumismo, que influye en una autoexigencia o perfeccionismo cada vez más acusado.
Como en todo, podemos extraer el lado bueno y el lado negativo. Es la llamada generación de cristal porque tolera menos la frustración o el fracaso, o porque tiene niveles más altos de ansiedad o depresión. Hay personas que lo explican porque la juventud actual tiene menos prejuicios a la hora de hablar de salud mental, y otros creen firmemente que, a pesar de ello, realmente los números de trastornos de salud mental son más elevados que hace décadas.
Por todo ello es una generación más empática y comprometida con la sociedad, pero también más intolerante ante la frustración.
Para evitar los contras hay que evitar patologizar lo que es adaptativo o común. Es normal ponerse nervioso ante un examen o una entrevista de trabajo, por ejemplo, así como en una primera cita de amor. Este tipo de nervios a veces son confundidos con ansiedad, por la connotación negativa e injusta que a veces hacemos de ello.
La forma de interpretar la realidad condiciona el ánimo, interpretar como patológico algo que realmente no lo es puede dañar nuestra salud mental. El umbral que tengamos sobre nuestras expectativas vitales condicionará nuestro nivel de felicidad.
Estructura social prefigurativa.- La antropóloga Margret Mead lo definía como una estructura social en la que los adultos se tatúan y se perforan con piercings como si fueran jovencitos, visten como adolescentes imitando su forma de vivir y los usos y maneras de los jóvenes, es decir imitan la forma de vivir y los usos y maneras de los jóvenes y adolescentes. Mientras tanto un gran número de adolescentes, se suicidan, dudan de su sexualidad y violan en grupo a niñas impúberes con una agresividad de adultos desequilibrados. La sociedad actual tiene a convertirse en una sociedad infantil, en la que todo está permitido y todo puede exigirse sin límites ni contraprestaciones, puesto que para atenderlos están los adultos. Hoy en día la palabra disciplina tiene connotación odiosa porque se está pensando en una disciplina exterior, autoritariamente impuesta, de ejercicio arbitrario y en último extremo ineficaz. Pero tenemos que resaltar que existe la autodisciplina, asumida de manera voluntaria y controlada por quienes la practican. Se viene recordando que hemos pasado de un Estado de beneficencia a un Estado del bienestar y de éste al de Justicia en el que felizmente vivimos. Pero hay que resaltar que no hay Justicia sin derechos, ni derechos sin deberes correlativos y si lo olvidamos todo se vuelve manga por hombro. La hiperpaternidad/hipermaternidad se está llevando por delante aspectos tan importantes como la capacidad de autonomía de los hijos y provoca que tengan una baja, por no decir nula, tolerancia a la frustración. Los padres se transforman en colegas pero ansiosos, dispuestos a dar todo a su hiperniño para evitar, a toda costa, que se frustre, aunque ello implique hacerles los deberes hasta el último curso de Secundaria.Pero se ha llegado tan lejos que ya hay padres que llaman al catedrático de la Universidad de su hiperniño para interesarse por sus notas, o acompañan al vástago el día de la prueba de ingreso en la Universidad con bolígrafos, agua y bocadillo para que no le falte de nada. El popular juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias educativas y orientadoras, hace un tiempo publicó un libro 'Reflexiones de un juez de menores' en el que inserta un Decálogo para formar un delincuente. Es muy interesante, y dice así: 1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece. 2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente . 3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas. 4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad. 5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás. 6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura. 7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre. 8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar. 9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones. 10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.