DOCTOR EN TEOLOGÍA BÍBLICA EN LA UNIVERSIDAD DE COMILLAS
Como si del juego infantil del escondite se tratase, nuestros orígenes estaban ocultos detrás de uno de los castros que nuestros abuelos señalaban con el dedo cuando decían en ferrolano: «¡Alí, atópase alí, tra lo castro!». Y tenían razón, allí en Tralocastro, en Esmelle, había permanecido escondido, durante más de dos mil años, uno de los poblados naturales de nuestros ancestros.
Tuvo que crearse la Cátedra de Arqueoloxía e Educación Patrimonial, apadrinada por la Universidade da Coruña y por el Concello de Ferrol, para que un grupo de arqueólogos con buen olfato, descubrieran el escondite de nuestros antepasados y comenzaran a sacar a la luz el que será, con toda seguridad, uno de los castros más importantes conocidos.
Me he paseado por el lugar —lo hago cada verano— para ver los resultados de la tercera campaña de excavación en su tercer año consecutivo. Y cada vez que lo hago, sorpresa, sorpresa, como en el escondite: lo que parecía una sala grande sin identificar era el lugar en donde se reunían nuestros antepasados, la sede de la asociación de vecinos de la época.
Lo que parecía un poyo en la croa resultó ser una casa circular de la Edad del Hierro cargada con fragmentos de cerámica, con piedras labradas, con clavos de alguna puerta y hasta con los restos de una olla de cocina. Samuel Nión y Juan Luis Montero Fenollós, responsables de la excavación, saben que como esa hay muchas más casas circuladas.
Regresar a Ferrol es mucho más que volver a casa por vacaciones, es encontrarte con tus orígenes, con tus raíces, con tu pasado. Pero es, sobre todo, recuperar la energía que mana de una tierra llena de identidad cargada de historia, la nuestra, la ferrolana. La historia que se esconde Tralocastro, la que se muestra en el arqueódromo permanente del Centro Torrente Ballester, la historia restaurada a través de los restos que nuestros arqueólogos van descubriendo.
Proyectos como este nos hacen recuperar el orgullo ferrolano. Tenemos que agradecer al grupo de arqueólogos y voluntarios de la Cátedra de Arqueoloxía e Educación Patrimonial el trabajo que están haciendo para devolvernos la verdadera memoria histórica. También a las instituciones académicas y a los organismos públicos que la apoyan y financian, recordándoles que, además de la obligada foto de visita, el proyecto crece y, con él, el apoyo que se merece. No olvidemos que descubrir el pasado es pensar el futuro.