El genocidio, holocausto y exterminio que el régimen colonial israelí ha llevado a cabo sistemáticamente desde hace 78 años en Palestina, y con violencia y brutalidad inimaginables desde hace dos años, ha desbordado incluso cualquier comparación con el holocausto nazi. Con el agravante de que el genocidio cometido por el régimen sionista no solo se hace a la vista y con el conocimiento de todo el mundo, sino que buena parte de las naciones "democráticas" colaboran en él, participan activamente y lo financian. E incluso reprimen a sus poblaciones si manifiestan su solidaridad con las víctimas del régimen nazi sionista israelí, como el Gobierno laborista ("socialista") inglés o el alemán. Sus dirigentes y sus gobiernos, Keir Starmer (Inglaterra), Emmanuel Macron (Francia), Friedrich Merz (Alemania), Ursula von der Leyen (Consejo de Europa) y tantos otros, pasarán a la historia de la ignominia como cómplices del genocidio.
¿Cómo podremos mirar a la cara dentro de cincuenta años a nuestras nietas y nietos y decirles que lo sabíamos, pero que no hicimos nada? Que no derribamos a estos gobiernos que están siendo cómplices de tal barbarie. Que no tomamos los parlamentos de nuestros países, como solo lo hace la ultraderecha cuando no le gustan los resultados de unas elecciones o no se alinean con los intereses del poder que les financia. Que miramos para otra parte o simplemente nos conformamos con manifestarnos y protestar, mientras durante miles de días el ejército terrorista del sionismo asolaba una y otra vez Gaza y Cisjordania. La barbarie sin medida, el genocidio sin término, el holocausto inacabable, el exterminio sistemático, la masacre ininterrumpida, los crímenes contra la humanidad, que con total impunidad lleva cometiendo el sionismo durante tanto tiempo, no solo han quebrado el intento contemporáneo de construir una humanidad digna, sino que han quebrantado todos los valores y principios del derecho internacional y de los derechos humanos que pretendíamos que fueran la guía de la sociedad y En este genocidio no se trata de la "banalidad del mal" de la que nos hablaba Hannah Arendt en su ensayo Eichmann en Jerusalén, refiriéndose al holocausto judío perpetrado por los nazis. Alemanes que, aparentemente, no tenían ningún desvío de la personalidad que justificara sus actos, personas normales que en una situación extraordinaria se convirtieron en monstruos que exterminaron a millones de hombres, mujeres y niños. No. En este caso, se les ha entrenado para ello. Porque los jóvenes terroristas que integran las autodenominadas "Fuerzas de Defensa Israelíes" (FDI) han sido formados, adoctrinados y radicalizados en el fanatismo nazi-sionista teológico desde su más temprana edad por el sistema educativo del régimen genocida israelí.
Para considerar a niños y niñas, a mujeres y hombres, enemigos a eliminar, es necesario un proceso previo de deshumanización del otro, de insensibilidad frente a su dolor. Para ello, Netanyahu invoca el poder de "su dios", tal como ha recurrido históricamente el yihadismo islamista radical a la hora de justificar sus crímenes. Este criminal de guerra, en sus discursos para incentivar la matanza, en la que todo está permitido, introduce referencias bíblicas de la lucha de los "hijos de la luz", es decir, los colonos judíos que se han apropiado de la tierra palestina, contra los "hijos de la oscuridad", es decir, los palestinos. Como explica el historiador israelí Ilan Pappé, la limpieza étnica se ha convertido en el ADN de la política israelí hacia los palestinos, justificada por el sionismo, el nazismo teológico contemporáneo.
Netanyahu y su Gobierno, de fanáticos radicales y nazi-sionistas, sitúan así a su dios en el centro de su narrativa justificadora del exterminio. Invocan la llamada de su dios, en sus discursos: "Borraré la memoria de Amalec de debajo del cielo" (Éxodo 17:14); "destruye a hombres como a mujer, a niño como a lactante, a buey y oveja, camello y asno" (Samuel 15:1). Así, el líder de esta carnicería desmedida, y para la que ya no quedan calificativos, invocaba el poder de su dios, tal como ha recurrido históricamente el yihadismo islamista radical a la hora de justificar sus crímenes.
¿Por qué se combaten a sangre y fuego los crímenes del yihadismo islamista radical y no los crímenes del nazismo sionista contemporáneo? La comunidad internacional tiene que reaccionar. Debe ilegalizar el sionismo como el actual nazismo. Debe interponer de forma inmediata una fuerza militar para combatir el yihadismo sionista israelí y juzgar todos los crímenes de guerra y de lesa humanidad que han cometido, no solo la cúpula del régimen israelí, sino todos los que han participado en las fuerzas terroristas del régimen. Si no es así, será imposible recuperar el sentido de humanidad, de democracia, de decencia o de justicia internacional para las futuras generaciones. Les dejaremos en herencia, entonces sí, la banalidad del mal. de las futuras generaciones. En este genocidio no se trata de la "banalidad del mal" de la que nos hablaba Hannah Arendt en su ensayo Eichmann en Jerusalén, refiriéndose al holocausto judío perpetrado por los nazis. Alemanes que, aparentemente, no tenían ningún desvío de la personalidad que justificara sus actos, personas normales que en una situación extraordinaria se convirtieron en monstruos que exterminaron a millones de hombres, mujeres y niños. No. En este caso, se les ha entrenado para ello. Porque los jóvenes terroristas que integran las autodenominadas "Fuerzas de Defensa Israelíes" (FDI) han sido formados, adoctrinados y radicalizados en el fanatismo nazi-sionista teológico desde su más temprana edad por el sistema educativo del régimen genocida israelí.
Para considerar a niños y niñas, a mujeres y hombres, enemigos a eliminar, es necesario un proceso previo de deshumanización del otro, de insensibilidad frente a su dolor. Para ello, Netanyahu invoca el poder de "su dios", tal como ha recurrido históricamente el yihadismo islamista radical a la hora de justificar sus crímenes. Este criminal de guerra, en sus discursos para incentivar la matanza, en la que todo está permitido, introduce referencias bíblicas de la lucha de los "hijos de la luz", es decir, los colonos judíos que se han apropiado de la tierra palestina, contra los "hijos de la oscuridad", es decir, los palestinos. Como explica el historiador israelí Ilan Pappé, la limpieza étnica se ha convertido en el ADN de la política israelí hacia los palestinos, justificada por el sionismo, el nazismo teológico contemporáneo.
Netanyahu y su Gobierno, de fanáticos radicales y nazi-sionistas, sitúan así a su dios en el centro de su narrativa justificadora del exterminio. Invocan la llamada de su dios, en sus discursos: "Borraré la memoria de Amalec de debajo del cielo" (Éxodo 17:14); "destruye a hombres como a mujer, a niño como a lactante, a buey y oveja, camello y asno" (Samuel 15:1). Así, el líder de esta carnicería desmedida, y para la que ya no quedan calificativos, invocaba el poder de su dios, tal como ha recurrido históricamente el yihadismo islamista radical a la hora de justificar sus crímenes.
¿Por qué se combaten a sangre y fuego los crímenes del yihadismo islamista radical y no los crímenes del nazismo sionista contemporáneo? La comunidad internacional tiene que reaccionar. Debe ilegalizar el sionismo como el actual nazismo. Debe interponer de forma inmediata una fuerza militar para combatir el yihadismo sionista israelí y juzgar todos los crímenes de guerra y de lesa humanidad que han cometido, no solo la cúpula del régimen israelí, sino todos los que han participado en las fuerzas terroristas del régimen. Si no es así, será imposible recuperar el sentido de humanidad, de democracia, de decencia o de justicia internacional para las futuras generaciones. Les dejaremos en herencia, entonces sí, la banalidad del mal. Al menos queda la pequeña esperanza de algunos que no miran para otro lado, que no son cómplices con su indiferencia, que siguen alzando su voz. Gracias a Global Sumud Flotilla—"Flotilla Global del Sumud" (perseverancia, en árabe)—, la misión humanitaria no violenta coordinada por activistas de base, marineros, médicas, artistas y activistas solidarios de 44 países. "Porque la solidaridad no conoce fronteras y la dignidad del pueblo palestino es también nuestra lucha", como han denunciado. #globalmovementtogazaspain