El historiador israelí-estadounidense Omer Bartov es uno de los principales expertos mundiales en genocidio. Con más de 25 años impartiendo clases sobre el tema, se gana la vida estudiando atrocidades, analizando las peores cosas de las que son capaces los seres humanos. Pero ni siquiera él, dice, puede soportar algunas de las imágenes atroces que salen de Gaza.
Según Bartov, lo que está ocurriendo no tiene precedentes en el siglo XXI. “No conozco ninguna situación comparable, de acuerdo con las últimas estimaciones, alrededor del 70% de las estructuras de Gaza están completamente destruidas o gravemente dañadas”, añade. “El argumento de que las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel] están llevando a cabo una guerra en Gaza es puro cinismo, no hay ninguna guerra en Gaza; lo que las FDI están haciendo en Gaza es una demolición; están demoliendo cientos de edificios cada semana; no es un secreto, pero la cobertura de los principales medios de comunicación ha sido insuficiente”.
En parte, la cobertura de los principales medios de comunicación ha sido insuficiente porque informar de lo que ocurre en Gaza es complicado. Sigue sin permitirse que los reporteros extranjeros entren en Gaza para ver con sus propios ojos lo que está ocurriendo, y los periodistas palestinos en el territorio están siendo masacrados por Israel. Cada vez que repito esa frase en alguna de sus formas es como si gritara al vacío. Siento que entre algunos de mis colegas de los principales medios de comunicación sigue predominando una especie de apatía ante este asalto contra la libertad de prensa.
Pero como dice Bartov, aun sin cobertura mediática la destrucción sistemática de Gaza no es ningún secreto. El Ejército israelí está tan desesperado por conseguir excavadoras que en los últimos dos meses han aparecido publicaciones pagadas en Facebook buscando conductores que ayuden a demoler Gaza. Aparentemente, en algunos se ofrecía hasta 3.000 shekels por día de trabajo (unos 775 euros).
Desde finales de mayo he detectado más de diez de estos anuncios en Meta. Muchos de ellos, en una página pública de Facebook para operadores de excavadoras. En un artículo publicado esta semana por el periódico Haaretz sobre la subcontratación de conductores de excavadoras se decía cuánto cobraban por edificio: 2.500 shekels por demoler un edificio pequeño; 5.000 shekels, por uno grande [en torno a 645 y 1.290 euros, respectivamente].
Según Neve Gordon, catedrática de Derecho Internacional y Derechos Humanos en la Universidad Queen Mary de Londres, “la idea de que la excavadora se haya convertido en un elemento clave para el genocidio y la guerra es bastante nueva”. “Lo que está ocurriendo en Gaza no es la demolición de un edificio aquí o allá; es la destrucción de pueblos y ciudades enteras”, explica.
También es nueva la subcontratación de conductores de excavadoras. “El ejército israelí no suele trabajar de esta manera”, dice Gordon. “Puede confiscar excavadoras y alistar a los conductores como soldados de reserva”. Según varios medios israelíes, las FDI se enfrentan una escasez de conductores y están reclutando a civiles para sus operaciones militares en Gaza, Siria y Líbano. “Yo consideraría esto como una forma de ”externalización de las demoliciones“ para avanzar en un proyecto genocida”, dice Gordon.
El derecho internacional ya no parece tener mucho peso, ¿pero es legal arrasar por completo pueblos y barrios de la Franja de Gaza? Gordon responde que no. “Si la necesidad militar exige arrasar una casa civil, es algo para lo que se pueden encontrar argumentos; pero si se arrasa con un pueblo o con un barrio, como vemos por toda Gaza, se trata de una violación manifiesta”.
“El problema es que la ley no mira el conjunto sino los hechos por separado para determinar si son legales o no”, explica. “Si durante las hostilidades hay un francotirador sobre el tejado de un civil, por ejemplo, es posible apuntar contra esa casa siempre y cuando se respeten principios jurídicos como el de la proporcionalidad y el de la precaución; pero solo se puede apuntar contra la casa en ese momento; no se puede clasificar como objetivo militar porque exista la posibilidad de que un francotirador la utilice en el futuro”.
Según Gordon, Israel justifica la destrucción generalizada con el argumento de que cualquier vivienda civil podría ser una entrada o un escudo para túneles militares bajo la Franja. Pero “la comunidad internacional no entra a valorar esos razonamientos”, dice Gordon. Sobre todo por las numerosas ocasiones en que Israel ha sido cazado mintiendo sobre algunos temas. “Durante meses nos dijeron que el cuartel general de Hamás estaba bajo el hospital al-Shifa”, recuerda Gordon en referencia al que en su día fue el mayor centro médico de Gaza. Nunca se encontró tal cuartel general.
“Para determinar si las afirmaciones de Israel tienen alguna base, se necesita una investigación independiente, habría que dejar entrar a un equipo de investigación, pero Israel no lo permite”, explica Gordon sobre un aspecto que considera crucial. Que cada uno saque sus propias conclusiones.
En Meta no solo se publican mensajes buscando conductores de excavadoras. Según Gordon, la empresa tecnológica también ha permitido la difusión de vídeos del rabino Avraham Zarbiv, un conductor de excavadoras que promueve lo que Gordon describe como “operaciones militares ilegales y la violencia de la destrucción de infraestructuras y viviendas civiles de Gaza”. Gordon sostiene que Zarbiv está enalteciendo la destrucción de Gaza con excavadoras como una nueva forma de pelea que salva vidas israelíes.
Meta retiró uno de los vídeos de Zarbiv cuando se lo señalé. Pero siguen publicadas los post pagados de Facebook (no son anuncios tradicionales) en los que se buscan operadores de excavadoras. Meta no ha querido hacer comentarios al respecto, remitiéndome a sus políticas sobre el tipo de contenidos permitido en la plataforma. Se supone que eso significa que permiten esas publicaciones.
Tal vez sea esa la interpretación de Meta, pero estas publicaciones podrían llevar a la empresa a arenas movedizas. Según Gordon, pueden ser “ilegales los anuncios que pretenden contratar a personas para trabajos que les exijan participar y/o apoyar actos que pueden constituir incitación a la violencia y contribuir a la comisión de crímenes internacionales”.
Según el doctor John Reynolds, profesor asociado en la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad de Maynooth (en Irlanda), “hay motivos para afirmar que podría constituir una forma de ayudar/facilitar crímenes de guerra en violación del derecho internacional humanitario, una forma de propaganda en favor de la guerra en violación de la legislación sobre derechos humanos, y también podría entrar en conflicto con el deber de evitar el genocidio, responsabilidad de los Estados, principalmente; pero también de las empresas”.
Toda esta destrucción tiene un objetivo final muy claro, dice Bartov: “Las autoridades del Gobierno israelí y los medios de comunicación han hecho [sus planes] bastante públicos”. Como muchos otros académicos respetados, Bartov califica de genocidio lo que está ocurriendo en Gaza.
“Al parecer, lo que pretenden, y lo que están poniendo en práctica, es que las FDI se apoderen de aproximadamente el 75% de la Franja de Gaza y la demuelan por completo usando bombas y excavadoras, muchas de las cuales son enormes D9 [un modelo de Caterpillar] que importaron hace poco de Estados Unidos. El objetivo parece ser concentrar a toda la población de Gaza en el 25% restante del territorio, en la zona de al-Mawasi, y debilitarla hasta hacerlos huir, permitiéndoles marcharse, esperando a que se agoten”.