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Palestina. Intenta imaginar vivir en un genocidio Palestina. Intenta imaginar vivir en un genocidio

 


Sólo las personas que han vivido un genocidio y lo han sentido en sus huesos pueden comprender verdaderamente lo que significa: el miedo constante a la muerte y a la pérdida, el hambre física y el anhelo de sentirse seguro.

Leer artículos periodísticos y ver vídeos sobre las consecuencias de las masacres de Israel podría proporcionar una comprensión básica de la situación que estamos padeciendo aquí en Gaza.

Pero eso no es lo mismo que experimentarlo con los cinco sentidos: el zumbido constante de los drones de vigilancia en el cielo, el olor acre del humo de los edificios bombardeados, el sabor amargo del agua impura que nunca calma realmente la sed, la sensación sucia del polvo y los escombros bajo los pies, y la visión de destrucción gris y dolor en todas las direcciones.

Tampoco es lo mismo que soportar el desgaste emocional: el pánico de no saber dónde están tus seres queridos, el peso del miedo constante, el dolor de una pérdida insondable y el agotamiento de cargar con el duelo sin descanso.

Sufrir en solidaridad

Aunque nadie que no haya vivido esto puede comprenderlo verdaderamente, hay formas pequeñas pero poderosas mediante las cuales la gente fuera de Gaza puede intentar imaginar mejor nuestra realidad.

Un amigo en los EE. UU. me dijo recientemente que hicieron algo diferente para un evento de recaudación de fondos para distribuir alimentos en Gaza.

Los voluntarios prepararon platos tradicionales de Gaza para el evento utilizando los ingredientes limitados que estaban disponibles durante el genocidio, como tomates, ajo, frijoles y pan.

Había abundante comida en el evento de recaudación de fondos, en contraste con esos mismos ingredientes que representan la supervivencia en medio de la extrema escasez aquí en Gaza. Pero fue una forma creativa de acercar a la gente un poco más a la realidad que vivimos.

Otros activistas y personas de conciencia han ido más allá y han prescindido de alimentos en solidaridad con la gente de Gaza, donde los afortunados han estado sobreviviendo con una comida al día durante meses.

Los activistas de Voz Judía por la Paz en Chicago iniciaron una huelga de hambre indefinida a mediados de junio, mientras que Veteranos por la Paz concluyó recientemente una huelga de hambre de 40 días frente a la Misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas.

Otros han estado realizando ayunos de un día entero o comiendo sólo 250 o 300 calorías por día –reflejando la ingesta promedio en Gaza– para generar conciencia sobre nuestra situación y presionar a sus representantes electos.

Más que gestos simbólicos, la gente está poniendo su cuerpo en juego a través de estas respuestas morales urgentes que buscan romper la indiferencia política y el silencio mediático para decir con su propio sufrimiento físico: “No miraremos hacia otro lado”.

Estos actos de solidaridad –en un momento en que ahora en Gaza recurrimos a hornear pan hecho con lentejas molidas o pasta en lugar de harina– me conmueven profundamente.

Luchando por sobrevivir

Quiero que mis hijos pequeños, que estaban en el extranjero cuando comenzó la guerra, sepan que su padre en la ciudad de Gaza y todos los demás miembros de su familia y comunidad en general están luchando por sobrevivir cada día.

Hace poco le sugerí a mi esposa que dejara que nuestros hijos experimentaran un día o dos con solo una cantidad limitada de agua para ayudarlos a comprender lo que realmente significa la escasez. Este pequeño gesto podría permitirles imaginar lo que niños como ellos están padeciendo y por qué es importante denunciar y actuar contra la injusticia.

En Gaza, la gente tiene suerte si tiene agua unas pocas horas a la semana. Recogemos agua de lluvia, cavamos pozos y dependemos de fuentes inseguras como el agua del mar. Los niños se bañan con vasos. Las mujeres lavan los platos con cubos. Hay quienes caminan kilómetros solo para encontrar un galón de agua limpia para sus familias.

¿Cómo pueden nuestros amigos de todo el mundo comprender lo que esto significa? Quizás intentando vivirlo. Quizás cerrando el grifo por un día. Comiendo solo lo que se pueda cocinar sin electricidad, o solo lo que se pueda encontrar en un mercado en zona de guerra a precios exorbitantes, como garbanzos, lentejas, sal y salsa de tomate. Luego, imagínense comer solo esto durante meses.

Un llamado a la cercanía

No es un llamado a la culpa sino a la cercanía a través de una mejor conexión con nuestra realidad.

Puedes leer sobre el hecho de que miles de niños se mueren de hambre. Pero con un pequeño esfuerzo por ponerte en el lugar de un padre en Gaza, puedes imaginarte lo que es ver a tu propio hijo pasar hambre, perder peso y llorar de hambre.

Sentir un malestar que no es propio es una forma poderosa de empatía y conexión y un puente hacia formas de acción y defensa más significativas.

Imaginar y encarnar la experiencia de otros, aunque sea voluntaria y temporalmente, impacta la conciencia. Y de esa conciencia surge un sentido de responsabilidad para plantear preguntas difíciles y comprometerse a trabajar para cambiar la situación, construyendo poder mediante la organización.

No se limiten a consumir el genocidio viendo videos en redes sociales, sino vívanlo, aunque sea brevemente, y sientan lo que significa vivir sin nada. Actúen desde esa perspectiva. Ahí es donde comienza la verdadera solidaridad.

Asem Alnabih es ingeniero e investigador de doctorado, actualmente radicado en la ciudad de Gaza. Es portavoz de la Municipalidad de Gaza y ha escrito para diversas plataformas, tanto en árabe como en inglés.