Asociación Cultural Fuco Buxán

Vivas e vivos querémonos! | Algunas reflexiones en “Tiempos del Cólera”


A mediados de 2019, en unos bloques de viviendas (pertenecieron a la Cooperativa “Virgen del Carmen), de Caranza (Ferrol), un grupo de vecinos iniciamos una serie de reuniones para analizar cómo afrontar la situación de la colectividad, teniendo en cuenta que la mayoría habíamos alcanzado una edad avanzada. 

Evidentemente, después de años de estancia en estas viviendas, aparecían problemas que se hacía difícil resolver. Edades muy avanzadas de sus pobladores, existencia de un número significativo de personas viviendo solas, enfermedades profesionales, la necesidad muy acusada de atención médica, incomunicación entre la vecindad, etc. y la voluntad de no renunciar a seguir viviendo donde habíamos habitado durante más de 55 años. 

Estos y otros problemas nos animaban a encontrar una forma de organización que nos permitiera desarrollar mecanismos de solidaridad y ayuda mutua. 

Partíamos del hecho de tener la propiedad de la vivienda. En general, habíamos adquirido las enseñanzas de la cooperación en medio de la movilización y defensa de nuestros intereses en la antigua Bazán. Las edificaciones podían facilitarnos el medio material para adquirir lugares comunes de convivencia y dotación de útiles para uso en común, y sobre todo, podríamos organizarnos con facilidad. 

Por otro lado, constatábamos que cuando llegabas a esa edad avanzada y pretendías encontrar alternativas que te facilitasen unas condiciones de vida dignas, en la última etapa de tu vida, resultaba imposible acceder a instituciones que te diesen seguridad. Durante ese periodo fueron apareciendo en los medios de comunicación residencias de ancianos que cobraban cuotas imposibles, que negaban una alimentación adecuada, que practicaban la agresión a aquellos ancianos que exigían sus derechos, que les imponían normas contrarias a su dignidad, etc. Especialmente graves fueron las muestras que nos deparó el cocinero Chicote en aquellos programas de TV. En otros muchos casos, la realidad quedaba oculta. 

Nos preguntábamos que habían hecho el Estado y las Comunidades Autónomas a lo largo del periodo de transición, con el derecho a un servicio social elemental, a la hora de atender a nuestros mayores. Y tuvimos la respuesta: Se había legislado para facilitar el acceso a la constitución de “Residencias de ancianos” a cuantos grupos económicos habían estado interesados en ello. Se había legislado para permitir a grandes empresas, incluida la Iglesia a promover iniciativas en tal sentido. Y se había vulnerado el derecho de la mayoría de los ancianos a disponer de unos servicios sociales elementales. Solo unas pocas residencias tenían carácter público y con costes razonables. La inmensa mayoría eran privadas, en las que se imponían condiciones ominosas. 

Constatada esa realidad, en Caranza se buscaba una fórmula en la que la gestión fuese de los propios afectados, libres de las burocracias asfixiantes. Aquella pretensión no pudo, de momento, seguir adelante, aunque no está descartada en absoluto. Sin embargo, aspiramos que sean las instituciones públicas quienes den solución a esta problemática. 

Hoy, en “tiempos del cólera”, donde el coronavirus se enseñorea por todo el mundo, con toda crudeza se muestran las consecuencias de aquella privatización de los servicios públicos, de la destrucción de lo colectivo, promoviendo el individualismo. Con toda evidencia viene produciéndose la aparición de cifras macabras de fallecimiento en esas Residencias donde lo importante para sus direcciones no es el grado de felicidad de sus residentes, sino la cuenta de beneficios. Es escandaloso que apareciesen fallecidos conviviendo con mayores vivos. Y eso, precisamente cuando va quedando al descubierto que quienes promovieron la privatización de la sanidad, la enseñanza, o la mayoría de los Servicios Sociales, además de robarnos descaradamente, nos han colocado al borde del precipicio al aparecer una pandemia como la actual. Ahora se lavan las manos e incluso, desarrollan una campaña contra aquellos que, como el Gobierno, han de lidiar con la “desfeita” que nos han legado. 

Es verdad que la tarea actual es derrotar al virus, a sus consecuencias; pero no podemos ser ciegos ante la masacre provocada por el neoliberalismo y sus defensores. A estas alturas, la plaga se expande a nivel mundial y políticos que pretendían pasar de ella, o que buscaban ignorarla para mantener la actividad de los trabajadores y los beneficios de las grandes corporaciones, como Trump en EE.UU., Bolsonaro en Brasil, o Jhonson en Gran Bretaña, se ven obligados a afrontar el hecho real de la pandemia, aunque dudamos de que las soluciones contemplen los intereses de la mayoría del mundo del trabajo. En cualquier caso, se impone la necesidad de defender los intereses colectivos, el interés común, lo público por encima de esos intereses bastardos y denunciar a los responsables de esta masacre y su intención de pasar desapercibidos, tras sus donaciones miserables. 

Nuestro intento experimental está parado, de momento, pero las soluciones para la tercera edad, siguen sin aparecer. Va a ser tarea de los gobiernos en el conjunto del estado español, el articular una respuesta que desarrolle, desde lo público, un plan de acción que restituya los Servicios Sociales a su lugar, que restablezca los derechos de nuestros mayores, y que quién desee otros servicios distintos los construya pero sin la financiación escandalosa del dinero público. En ese momento, veremos cuantas empresas, asociaciones invierten en ello. 

No nos resignamos. Vamos a defender lo público como algo esencial, incluyendo por supuesto, la Sanidad Pública y Universal. 

“Vivas y vivos, nos queremos”. 

Rafael Pillado. Ferrol 28 marzo 2020
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